Miscelaneas de Cuba
ALGO DEL HERALDO
2007-03-30.
Hugo Araña, Bibliotecario y Periodista Independiente, Corresponsal en la isla de Misceláneas de Cuba Ante todo, no pretendo realizar un análisis literario. No son mis intenciones. Simplemente escribir un Comentario, cuyo origen nos remite a que en este País, observamos dos tipos de Literatura: la oficialista y la subterránea.
La primera, por supuesto, incondicional a la política cultural del Régimen con la premisa de que ciertos temas o situaciones por las que adolecemos, son censuradas y prohibidas, so pena de verse excluido y casi borrado del panorama cultural cubano. Y la segunda, que corrobora la anterior, fue y es el caso más elocuente y todavía fresco, cuando la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, expulsó al escritor José Antonio Aponte, al considerar que su producción literaria era netamente contrarrevolucionaria. Pero bueno, Aponte no había alcanzado un Premio Nacional de Literatura. Por lo tanto, se podía echarlo a un lado sin que causara tanta conmoción.
No así, cuando el poeta César López, en la última Feria del Libro en la Habana que, frente a los micrófonos en plena Fortaleza de la Cabaña, lugar de la sede, y para que todo el mundo lo oyera, y nada menos frente a frente al Ministro de las Fuerzas Armadas, Raúl Castro, lamentó que escritores del exilio como Reinaldo Arenas y Guillermo Cabrera Infante, entre otros, sus obras no se publicaran en la tierra que los vio nacer. Nos imaginamos como reaccionarían interiormente no sólo Raúl Castro, sino la cohorte de dirigentes e invitados presentes en la ocasión al oír las palabras de César López. Por lo supuesto, las cámaras de la televisión no hicieron ningún close up a Raúl.
Si esto hubiera acontecido en pleno quinquenio gris, en estos momentos dicho Poeta estuviera limpiando de por vida surcos de caña de azúcar. Pero como no estamos en los años setentas, y es Premio Nacional de Literatura, se la dejaron pasar. Pero de que seguro, se la guardan. Lo sucedido me da para continuar con el tema que nos interesa: los escritores subterráneos. Los que viven bastante mal. Los que no les publican ni una romanza amorosa. Por lo tanto, y como un modesto homenaje en darlos a conocer, se creó hace escasos años, bajo los auspicios del Proyecto de Bibliotecas Independientes, el premio El Heraldo a nivel nacional.
Desde entonces, y lo digo por experiencia, ya que he sido jurado de dicho Premio, uno encuentra esa Literatura subterránea que no permiten que camine por las calles, corazones y cerebros de los cubanos a pié, que ésos, los estigmatizados por el Régimen, expresan lo que desean, o brindan la otra mirada con todo el diapasón posible de decir en cada palabra lo que les conviene, sin ataduras ningunas. Además, y como dije al principio, este Comentario no sería un análisis literario. Sólo me refiero y hago hincapié en la importancia que poco a poco va cogiendo El Heraldo en nuestro panorama literario, gústele a quién no le guste.
Sin mucha propaganda (que jamás se lo permitirán), pero patentiza el inmenso caudal de creación en los escritores jóvenes y no tan jóvenes que han adoptado o situarse lejos de todo matiz oficialista, en y con una calidad que nos sorprendió al otorgar los premios y menciones, con su publicación y edición (en el extranjero, por supuesto) de las obras elegidas, donde Poesía, Ensayo y Testimonio daría o brindaría estímulos para cualquier análisis tanto semióticos como en los metatextos. El Heraldo, en su primera publicación tomó el título de Ojos abiertos. Ahora salió el segundo con un título muy sugerente: Voces de cambio. Se ha presentado en diferentes plazas del exterior. Sin embargo, aquí, en la Isla, también se ha efectuado, pero discretamente, con la colaboración de unos cuantos amigos.
A la vez, Voces de cambio ya ingresó en muchas bibliotecas independientes de toda Cuba, donde los interesados, sin ningún tipo de cláusula podrán leerlo. Pienso u opino, que ésos, los que se atreven a visitar dichas instituciones que el Régimen quisiera ponerlas a todos en la pira, es el más generoso premio que pueden tener o adquirir estos escritores marginados, censurados, calumniados, por la sencilla razón de no querer bajar la cerviz y continuar sintiéndose libres de expresar lo que estimen necesario, aún a consta de todo el oprobio injustificado conque coronan sus libertades de expresión.
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